Publicado por el Sep 24, 2012 en Civil, Curiosidades, General, Juzgados y Tribunales, Noticias prensa, Procuradores | 0 comentarios

Ni en la salud y en la enfermedad, ni hasta que la muerte los separe. Los matrimonios se celebran no al mismo ritmo que se destruyen, pero casi. Y es que la provincia afronta una media de dos rupturas matrimoniales al día. El año pasado se registraron 703 divorcios, 46 separaciones y un total de 1.295 bodas.

Se trata de una realidad social que, aunque se ha ralentizado, sigue llamando la atención. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el año pasado se rompieron 749 parejas.

Además, no se trata de rupturas que se maduren de la noche a la mañana, ya que el mayor porcentaje de divorcios se da entre las parejas que llevaban más de dos décadas juntas. De estos 703 divorcios, 121 se dieron entre los seis y los diez primeros años de matrimonio; 122 dieron el paso entre los 11 y los 15 años; 86, entre los 16 y los 19 años y 236 se divorciaron después de más de dos décadas de convivencia. Los tiempos han cambiado y los hijos tampoco son freno cuando se toma la decisión, ya que la mitad de los matrimonios tenía hijos menores.

Las dudas.

En el último lustro ha descendido el número de rupturas, pero no hay argumentos suficientes para atribuir el cambio de tendencia a la crisis, ya que en julio de 2005 entró en vigor la norma que permitía recuperar la soltería en tres meses, en lugar de esperar los obligatorios dos años de separación. A partir de entonces, tomaron carrerilla los centenares de casos que estaban a la espera, lo que provocó un llamativo repunte. De hecho, desde entonces, raro era el año que no rondaba el millar de rupturas.

La crisis une, como la hipoteca o la manutención de los hijos. Pero hay que tener en cuenta que el descenso de divorcios no se debe tanto a que haya menos rupturas matrimoniales como a que, tras el boom que provocó el divorcio exprés, ahora se recupere de nuevo la calma.

De los divorcios que se resolvieron el año pasado, cinco se produjeron cuando no se había cumplido ni un año de la boda; 38 se registraron en los primeros dos años y 95 tuvieron lugar entre los tres y los cinco primeros años. Entre los seis y los diez años, hubo un repunte, con 121 divorcios y cifra similar, 122, hubo entre los 11 y los 15 primeros años. De todas formas, gran parte de las rupturas, 236, llegaron después de más de veinte años de matrimonio.

Hace un lustro, en 2007, se registraron más divorcios, 874, pero el comportamiento fue similar, ya que en 235 de los casos la duración del matrimonio había superado los 20 años. En esta época las rupturas rondaban el millar porque aún se solía registrar un centenar de separaciones. En 2008, por ejemplo, se volvió a cifras más parecidas a las actuales, con 770 rupturas. Y, como curiosidad, se puede ver que en el año 2000, cuando no había ni crisis ni divorcio exprés, hubo 633 rupturas en la provincia, aunque las separaciones ganaban con creces a los divorcios por la obligación de esperar dos años antes de dar el paso definitivo.

Desde que se registrara el primer divorcio en la provincia, el 11 de noviembre de 1981, este paso ha ido perdiendo el estigma de sus inicios.

De 2005 a 2011 se habían roto más de 6.200 matrimonios solo en la provincia de Albacete, lo que siempre se traduce en un trance muy complicado para más de 12.000 personas, sin contar los más setecientos niños que, según los datos del INE, son testigos cada año de la separación de sus padres.

Treinta años de divorcios.

Lo que empezó hace treinta años como una liberación, poniendo fin a décadas de mentiras, separaciones clandestinas, infidelidades y, en muchos casos, sometimiento absoluto de la mujer al hombre, hoy es un problema social que enfrenta a familias y convierte a los niños en armas arrojadizas. El problema no está sólo en que los divorcios se cuenten a miles, sino en la falta de consenso. De los 703 registrados el año pasado, solo 364 fueron de mutuo cuerdo. En 200 casos fueron ellas las que dieron el paso en solitario y en 139 fueron los maridos los que decidieron romper sin el beneplácito de la mujer. Tal es el panorama, que la propia Diócesis lleva años trabajando en un servicio de asesoramiento para parejas con problemas.

Retrasar la edad del matrimonio podría haberse traducido en decisiones más maduradas, pero no ha sido así. Las parejas suelen convivir y casarse cada vez más tarde, lo que no evita que acaben tirándose los platos a la cabeza. Los hombres esperan hasta los 29,9 años para comprometerse y las mujeres no se unen formalmente hasta pasados los 27 años. Pero las parejas, aunque mayores, se divorcian igual o más que las jóvenes.

También hay que tener en cuenta que los matrimonios se rompen en unas franjas de edad en las que ambos son aún jóvenes para rehacer su vida, por lo que no es extraño ver que en las estadísticas de divorcios haya ‘reincidentes’. El año pasado, el tramo de edad con más divorcios, fue, en el caso de los hombres, el de los 40 a los 49 años.